La implantación cada vez mayor de metodologías ágiles en empresas de diversos sectores ha venido dada por la necesidad de adaptarse a un mundo cada vez más cambiante y, a su vez, por la ventaja o desventaja, que estas empresas tendrían con respecto a la competencia.

Antes de centrarnos en el impacto económico que tendría la introducción de estas prácticas en cualquier organización, debemos sentar las bases de sus comienzos en el sector empresarial/industrial, a fin de comprender las motivaciones que pueden tener los empresarios para sumarse al movimiento ágil. Así como Lean Manufacturing nació en la industria del automovilismo en Japón a finales del Siglo XIX, concretamente en Toyota a través de su fundador Sakichi Toyoda, Agile fue concebida como un cambio en la forma en la que se gestionan los proyectos software en pleno año 2001.

En 2015 Standish Group puso a disposición de sus clientes un informe Chaos en el que cambiaba la manera de definir el éxito de un proyecto. Se tuvo en cuenta la satisfacción del cliente, además de cumplir con el presupuesto y no se penalizaban los proyectos que modificaban su alcance a lo largo del desarrollo en lugar de hacerlo al principio. Para elaborar este informe se utilizaron datos desde 2011 a 2015.

Supongamos un escenario: dos compañías rivales entre sí deciden evaluar el funcionamiento de sus equipos de desarrollo en el departamento IT (Tecnologías de la Información). La empresa A decide continuar con la metodología Waterfeall (en cascada), mientras que la empresa B decide comenzar a utilizar Agile mediante Scrum. Ahora observaremos y mediremos la evolución de los resultados obtenidos teniendo como marco de referencia lo expuesto anteriormente con los siguientes gráficos.

Empresa Agile

Si asumimos que sólo se facturarían los proyectos terminados con éxito, nos quedamos con una proporción casi 4 veces mejor para la empresa ágil. Los beneficios de la empresa B serán 4 veces mayores que la empresa A.

Obtenemos la primera conclusión: hacer las cosas bien y a la primera nos permite satisfacer a los clientes mucho más, y eso se traduce en mayores ingresos.

Si profundizamos en el informe, podemos observar una tendencia muy interesante. Clasificamos los proyectos en grandes, medianos y pequeños, obteniendo los siguientes resultados:

Agile Waterfall

Si observamos la gráfica de la izquierda, podemos comprobar que la tasa mayor de éxitos en la empresa A viene dada en los proyectos pequeños, es decir la iteración del proyecto es menor al tener un menor alcance, por lo que esto apoya a los principios de Scrum al utilizar ciclos cortos a fin de obtener un retorno de inversión (ROI) mucho más rápido y eliminar riesgos.

Una segunda conclusión aparece por sí sola: cuanto más corto es el ciclo de vida de desarrollo, mayor probabilidad de éxito. Esto no significa sólo hacer proyectos de corto alcance, sino priorizar y evaluar constantemente aquello que aporta más valor al cliente y entregárselo lo antes posible, antes que terminar una solución completa que quizá pasados varios meses ya no sea lo que quiere o no le aporta valor, pues esto  podría traducirse en unos recursos que nunca se recuperarán.

A su vez, gracias a los datos obtenidos por The Standish Group Research podemos afirmar que:

  • Utilizar metodologías ágiles ayudan a las organizaciones a:
    • Mejorar los procesos y el flujo de trabajo.
    • Reducir costes mediante la eliminación del desperdicio.
    • Mejorar constantemente, tanto del producto, como de las personas que lo crean.
  • Los proyectos que utilizan iteraciones más cortas y poseen un retorno de inversión (ROI) más corto tienden a tener muchas más probabilidades de éxito.